martes, marzo 17, 2009

De películas personales...

Seven Readers!!!

Fito está lleno de verdad cuando afirma:

La vida es una hoguera que quema toda ilusión, 
pero la vida, también regala gente divina de corazón, 
las cosas siempre suceden, las más hermosas son sin querer.

Y si, sin querer las cosas pasan. Hoy, por ejemplo, me encontré con alguien a quien no veía en mucho tiempo. Fue un encuentro completamente fortuito, pero que me llenó de mucha alegría.
Luego mientras manejaba pensé en todas las cosas que sucedieron para poder ver a esa persona: el tardar en apagar la computadora al término de mi clase en la Universidad, el detenerme cinco minutos a platicar con unas alumnas sobre la vida en los años 80, el no haber llevado una barra de cereal y el obligarme a comprar una en un Oxxo, la llamada que recibí al celular y que me detuvo otros minutos en dicho lugar. Todos esos detalles hicieron que se de la coincidencia. Y luego el momento culminante: la charla prolongada y el poder comprobar que ambos estamos bien y que a pesar del tiempo y la distancia seguimos siendo los mismos cuando nos vemos y que el cariño que sentimos el uno por el otro será siempre especial.
Y pensé entonces en mi vida como si fuera el montaje de una película.
Una de las cosas que hacemos todos los días es editar todos esos pedazos de vida que son importantes, saltándonos lo que es intrascendente. Pero son las piezas de pietaje personal que desechamos en nuestra moviola, las que provocan que tengamos momentos climáticos. Quizá por ello una película como Amelié es realmente interesante, pues hace precisamente hincapié en los detalles que generan a las grandes situaciones personales.
Una canción maravillosa de Loquillo dice: 

De tanto hablar de cine he terminado encuadrando la vida…
convertido en actor de un solo personaje que con el tiempo reafirmó mi carácter, así en la vida como en los escenarios prefiero los cines de Arte y Ensayo.

Esa canción también estuvo dando vueltas en mi cabeza desde esta mañana.
Es tanta mi pasión por el cine, que finalmente creo que pienso en términos cinematográficos durante la mayor parte del día. Hago, a veces de manera inconsciente, encuadres de que cada uno de los momentos. Hoy, por ejemplo, mientras charlaba con la co protagonista de mi escena, pensé en el uso del campo – contra campo para retratar el momento, con los personajes de ambiente caminando junto a nosotros mostrando toda la indeferencia que unos buenos extras deben mostrar para darle credibilidad a la escena. Posteriormente insertaría algunos planos de detalle del movimiento de las manos, las sonrisas o los breves sorbos de café que uno a veces intenta alargar para que la escena dure un poco más de tiempo, iluminando con luz natural…o quizá, poner una luz cenital que remarcara aún más la conversación, mientras el sonido de un suave cello serviría como música incidental al momento.
Me doy cuenta que he hecho dos cosas al estar escribiendo este post: He pensado en cine, pero también en sonido. Nuestra percepción de la realidad está determinada en gran medida por lo que vemos, pero también por lo que escuchamos (y por supuesto por los demás sentidos, pero éstos no son el tema de esta entrada). En resumen: somos audio e imagen. El cine generó mayor sensación de realidad cuando habló y la música cobró una nueva dimensión cuando en agosto de 1981 pudimos “verla” con el nacimiento de MTV. Nuestra película personal se complementa con imágenes y audio, y por supuesto con el guión que nos va convirtiendo en sus protagonistas, en como diría el gran Loquillo, actores de un solo personaje: nosotros.
Por ello es que música y cine son tan importantes en nuestro caminar por el mundo. Hacemos un ejercicio de montaje narrativo con nuestras memorias, con nuestras imágenes, con nuestras canciones. Todos los días vamos escribiendo y repasando nuestra historia. Y como en toda narración histórica la propia se encuentra acompañada de grandiosos momentos, pero también de esos casi imperceptibles detalles que contribuyen a que podamos identificarnos aún más con alguna de las cientos o miles de películas que hemos visto o veremos en nuestro paso por este audiovisual planeta.
Hoy realmente me sentí como en un filme. Quizá faltaron algunos efectos especiales, ya saben: el cielo nublado, un generador de viento o cualquier otra cosa que le dote a la escena de mayor dramatismo. Pero no hay duda, en este caso la audiencia se ha sentido satisfecha. Y es que, además, lo emocionante del asunto es que poseemos el mejor de los asientos para observar nuestras películas.
Calamaro dice:

Recién acabamos de empezar a correr
No se puede parar 
La segunda parte es mejor
Hay que seguir hasta el final
La última estación es opcional 
Cuando en la carretera se toma cierta velocidad 
Hay que recordar que la voluntad sirve para empezar a correr no...para terminar...

Y también el compositor argentino tiene razón. La vida parece ser una película que apenas inicia, vive un proceso de continua producción, no se detiene y que esta llena de segundas partes. Pero a diferencia de lo normalmente se ve en las pantallas de una sala de cine, aquí los remakes o las segundas partes tienen mayores posibilidades de ser mejores que las primeras pues tenemos posibilidades de reinventarnos nuestro montaje personal todos los días. 
Filmemos pues un gran blockbuster. Uno en el que no perdamos nuestra capacidad de asombro, qué esté lleno de detalles y de grandes momentos climáticos que conforman a la mejor película de todos los tiempos: la hoguera de nuestra propia vida.

Así las cosas hoy martes...

Salud pues.......





1 comentario:

Defeña Salerosa dijo...

¿Sabes q canción suena en mi mac ahorita?...una de calamaro!!!

Wow, gran post David. Me hubiera gustado escribirlo yo, es justo lo q pienso de la vida.

Ahahahaha¡¡ muy bueno.

Lo que platicas me recordó a una escena de Benjamin Button. No por el hecho en sí, sino porq explica todo lo que debe suceder para q algo pase. Todas las posibilidades que hay entre los engranes del tiempo. Es la escena del accidente (choque). Hay en otras películas escenas así, pero ésa es la que me vino a la cabeza.

Sin duda, en tu película en lugar de una tragedia, se narraría una alegría con dicha coincidencia.

Saludos¡¡