jueves, abril 02, 2009

De grandes visitantes....

Seven Readers!!

Celebremos, celebrémonos. Este maravilloso escritor, hombre de mundo, periodista, lúcido e inteligente uruguayo universal, estará por estas tierras la próxima semana.






Eduardo Galeano es tan brillante que ha escrito sobre cualquier tema, incluso sobre fútbol. Ahora que nos quedamos sin técnico y que parece que el barco del balompié nacional naufraga, vale la pena retomar los conceptos de este extraordinario personaje.

Antes existía el entrenador, y nadie le prestaba mayor atención. El entrenador murió, calladito la boca, cuando el juego dejó de ser juego y el fútbol profesional necesitó una tecnocracia del orden. Entonces nació el director técnico, con la misión de evitar la improvisación, controlar la libertad y elevar al máximo el rendimiento de los jugadores, obligados a convertirse en disciplinados atletas.

El entrenador decía:

Vamos a jugar.

El técnico dice:

Vamos a trabajar.


Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval.

El fanático es el hincha en el manicomio. La manía de negar la evidencia ha terminado por echar a pique a la razón y a cuanta cosa se le parezca, y a la deriva navegan los restos del naufragio en estas aguas hirvientes, siempre alborotadas por la furia sin tregua.

El gol es el orgasmo del fútbol. Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna.

Hace medio siglo, era raro que un partido terminara sin goles: 0 a 0, dos bocas abiertas, dos bostezos. Ahora, los once jugadores se pasan todo el partido colgados del travesaño, dedicados a evitar los goles y sin tiempo para hacerlos.

El entusiasmo que se desata cada vez que la bala blanca sacude la red puede parecer misterio o locura, pero hay que tener en cuenta que el milagro se da poco. El gol, aunque sea un golecito, resulta siempre gooooooooooooooooooooooool en la garganta de los relatores de radio, un do de pecho capaz de dejar a Caruso mudo para siempre, y la multitud delira y el estadio se olvida de que es de cemento y se desprende de la tierra y se va al aire.
Se que el lunes y el martes nadie le preguntará a Galeano nada sobre fútbol. Diablos, si tengo chance yo lo haré. Quisiera una poética respuesta sobre el juego, una explicación sobre el sistema que rige a este deporte y un destello de lucidez en el medio de la crisis. No, seguramente Galeano hablará sobre cosas más importantes, pero ahí en el fondo, en el medio del bullicio alguien estará levantando la mano para platicar sobre un gol. 
A ver, a ver si lo logro...

Así las cosas hoy viernes...

Salud pues.......

4 comentarios:

Rodrigo dijo...

Yo ví el programa y Galeano sin pelos en la lengua y los puntos sobre las "ies", entre varios temas habló claro de la farsa de la "guerra" al narco y la hipocrecia gubernamental yanki y la torpeza mexicana y colombiana en su afan de quedar bien como lambiscones de Washington.
saludos...!

Anónimo dijo...

Ademas de que tiene un sentido del humor muy bueno, si no chécate las frases irónicas y sarcásticas de Las venas abiertas de América Latina...¡un escritor muy completo!

Gran Fornicador dijo...

Lo amo. Me lo perdí aquí en el DF por hacer papeleo inútil en la uni donde doy clase, y cuando esté en Mérida yo estaré en un camión rumbo a la calurosa ciudad blanca. Prrrt.

Kix dijo...

Bueno, pues será el sereno y a muchas personas podrá no gustarles, pero el futbol forma parte de nuestra cultura, y el cómo se maneja es un reflejo de la misma. Me encantó eso de que el entrenador dice vamos a jugar y el técnico, vamos a trabajar.

Por eso el futbol llanero está lleno de ganas, de ímpetu, de fuerza, de corazón.